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Hace un tiempo me encontré en una situación difícil, en la que no veía escapatoria a mi problema. Al creer en Dios, y haberlo experimentado decidí orar para que él guíe las cosas y para que yo pueda decidirme por la mejor alternativa (aunque para ser honestos, no veía una buena alternativa). En otras ocasiones Dios me ha respondido claramente incluso antes de lo que yo esperaba, pero en esta ocasión, no parecía haber una respuesta clara de parte de Dios. Lo que era claro era el silencio.

Decidí seguir creyendo en Dios y esperar a pesar del silencio, y esta espera tomó meses. Esto no significa que me puse de brazos cruzados a esperar. Hice lo mejor de mi parte. Pero aún así no parecía haber una solución visible. De a ratos la solución parecía seguir un atajo, esas soluciones tal vez socialmente aceptadas pero que no son del todo correctas.

Estos días he estado leyendo salmos del rey David y al parecer él también se encontró en situaciones difíciles en las que parecía que Dios no lo escuchaba. En uno de sus salmos, el 28, él le dice a Dios:

Señor, mi protector, a ti clamo. ¡No te niegues a responderme!

En mi caso, y aunque no pueda explicarlo con palabras, en todo momento supe que Dios estaba conmigo a pesar del silencio y de que el problema aún seguía ahí.

Hoy, gracias a Dios, el problema se ha solucionado de una manera mucho más elegante de la que yo hubiera pensado y sin atajos cuestionables. En el caso de David, al parecer, también tuvo su respuesta porque más adelante en el mismo salmo dice:

¡Bendito sea el Señor, que ha escuchado mis ruegos!

Y termina diciendo:

El Señor es mi poderoso protector; en él confié plenamente, y él me ayudó. Mi corazón está alegre […]

Si estás pasando por un momento de esos en los que parece que Dios no escucha, ten paciencia. Dios sí te ha escuchado. Lo más probable es que este no sea el momento más apropiado para una respuesta. En mi caso, Dios nuevamente me ha demostrado que, aunque aveces parezca que no escucha, sí escucha y ya tiene la solución para mi problema. Tal vez el que debe aprender a confiar y esperar soy yo. Hoy, al igual que David en su salmo, mi corazón está alegre.